Es la fiesta de la luz. Las tinieblas de la noche se rompen con el brillante alumbrar del alba. Entre los jirones de nubes se cuelan rayos de un sol que ilumina la entrada de un sepulcro vacío. Tras la tormenta la calma de la noche del misterio de la resurrección. La Pascua.
La parroquia de San Bartolomé representó la pasada noche del sábado un particular Vía Crucis que ya lleva diez ediciones justo antes de comenzar la Vigilia Pascual. A caballo entre el teatro y el musical el acto se convirtió en una auténtica catequesis viviente que culminaría con la luz de la resurrección representada en el Cirio Pascual.
De entre las tinieblas renació la luz
Jesucristo aparece ante los fieles orando en el Huerto de Getsemaní. Son los instantes que preceden a la traición de Judas. Con un beso lo entrega a los romanos que lo castigan entre tirones, patadas y latigazos. Finalmente, ensangrentado y exhausto, lo coronan con unos espinos trenzados y es clavado en la cruz.
“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”, las últimas palabras del Mesías al tiempo que expira colgado del madero.
Cuando los legionarios descienden el cuerpo sin vida de Jesús lo depositan en los brazos de su Madre, que ante una conmocionada feligresía llora apretando a su hijo contra su regazo.
La puerta del sepulcro se abre y depositan al hijo de Dios. La noche se cierne y los relámpagos rasgan el cielo.
Pero a la mañana el sepulcro está vacío, y un nuevo Jesús, de blanco impoluto porta la luz del Cirio Pascual como símbolo de la resurrección.
La llama de la vela se comparte con toda la parroquia y la iglesia recupera el esplendor de la vida iniciando la Vigilia antes de la mañana de Pascua.
Actividad que parte desde la parroquia
Son los propios fieles de San Bartolomé los que impulsan esta representación que se viene sucediendo desde hace diez años. Jóvenes y mayores que activos en la vida parroquial deciden que cada Sábado Santo la feligresía se sensibilice con los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús a través del teatro y el coro.