Sociedad

Un minuto de silencio en memoria de la mujer asesinada en Bilbao

Ciudadanos y miembros de la Plataforma por la Igualdad y Contra la Violencia de Astorga recordaron este martes a la última víctima de violencia en España

Este martes la Plataforma Ciudadana por la Igualdad y Contra la Violencia de Astorga guardó un minuto de silencio para recordar a María Arantzazu Palacios Izquierdo de 51 años, que fue asesinada por su pareja en Bilbao (Vizcaya). La víctima ya había denunciado hasta en seis ocasiones al hombre pero no tenía orden de alejamiento activa desde 2007.

Esta convocatoria responde a la voluntad de concentrarse cada martes en que la semana anterior se haya producido algún asesinato por violencia machista, en señal de profunda repulsa. Desde la Plataforma convirtieron sus actos en palabras a través del siguiente manifiesto:

“Sin que nadie advierta que se trata de una aberración, permitimos que la violencia se introduzca en la vida de los más pequeños a través de los videojuegos, la televisión y de los actos cotidianos. No nos tomamos el tiempo necesario para hacerles ver que la violencia no puede verse como algo normal. Hay que oponerse a los actos violentos, desde los más pequeños y no visibles como insultos, desprecios y discriminaciones; hasta los más terribles e irreversibles como son los asesinatos de mujeres, en cuya memoria nos concentramos, primero para recordarlas y para hacer patente nuestra oposición. Algunas personas pensarán que no hace falta, que todo el mundo está en contra de la violencia machista y que no es necesario mostrarlo dado que se da por supuesto. Dos grandes errores, el primero es que no todo el mundo está en contra, porque si así fuera no tendríamos que acudir a este lugar a recordar a las mujeres asesinadas, y en los juzgados no se acumularían cada año más denuncias por violencia incrementándose, ante nuestro asombro y terror, los casos de violencia entre la población más joven. El segundo error es pensar que no hace falta demostrar nuestra repulsa. Pero hace más falta que nunca, porque el silencio nos hace cómplices y no promueve cambios. Si verdaderamente estamos en contra de esta violencia hay que verbalizarlo, hay que decirlo, hay que oponerse en todos los lugares. En las plazas donde se celebren actos como este, pero, sobre todo, en nuestro círculo más cercano, en nuestra casa, en el trabajo, en los centros educativos y en la calle. Porque si dejamos pasar cada pequeño acto de violencia sin oponernos, pensando que no tiene importancia, consentiremos que como ya está ocurriendo, se normalice la violencia como comportamiento y se agrave con el tiempo, hasta tener que volver a concentrarnos otra vez en esta plaza. Las personas que estamos aquí no queremos tener que volver, y no callaremos hasta conseguirlo, porque las queremos vivas”.