El pan nuestro de cada día probablemente no llegue a todos, pero lo que nunca nos falta es un día sí y otro también noticias relacionadas con la corrupción. Es posible que no todos aquellos que aparecen en las listas estén realmente implicados y por eso hemos de respetar siempre la presunción de inocencia. De ahí que no se deban hacer juicios paralelos, pero lo que sí podemos asegurar sin miedo a equivocarnos es que hay muchos más corruptos que los que aparecen en esas listas y en los medios de comunicación. Ciertamente no se puede generalizar y seguro que hay mucha gente honrada, pero a veces da la impresión de que no roba el que no tiene oportunidad. Probablemente más de uno de los que más critican haría lo mismo en circunstancias parecidas.
Por supuesto, que casi no se libra ningún estamento: desde la casa real a la más humilde junta vecinal, partidos a derecha e izquierda, sindicatos, patronal… Pero no seamos ingenuos ni pensemos que esto es algo sorprendente. En realidad, aunque últimamente es un tema de candente actualidad, se trata de un tema viejo, casi tan antiguo como el ser humano. La gran diferencia es que ahora se descubren y castigan muchos de estos escándalos y antes no se sabía de su existencia o se pasaban por alto. En este sentido deberíamos pensar que estamos pasando por un buen momento, puesto que cada vez es más difícil encubrir a los ladrones. Precisamente lo que ahora ocurre, al ver que casi todo llega a saberse, puede servir de escarmiento para evitar conductas delictivas que hasta ahora se ejercían con total impunidad.
Lo que no podemos es caer en la tentación del escepticismo, dejando que gente oportunista, populista y demagoga tome las riendas del poder en plan redentor y acabe de hundir España. Así mismo, deríamos tener presente el refrán: a río revuelto ganancia de pescadores, pues son muchos los que ahora intentan pescar en este río revuelto de la corrupción, algunos con bastante hipocresía, puesto que critican los pecados ajenos olvidando los propios. Lo que tiene que ocurrir es que la justicia actúe con firmeza y diligencia y que todos los partidos políticos sean mucho más exigentes e intransigentes con los corruptos. Si la justicia actúa como tiene que actuar, aunque nunca llegue a barrer del todo la corrupción, seguro que el panorama cambiará sustancialmente.