Con 28 alumnos matriculados, el colegio concertado de Educación Especial la Luz de la capital leonesa trabaja de la mano de la Asociación de Padres de Personas con Parálisis Cerebral y Encefalopatías Afines (Aspace) con 28 alumnos que presentan plurideficiencias. Entre otros, tienen como objetivos del centro potenciar al máximo sus posibilidades, procurar atención, educación, enseñanza y rehabilitación y el desarrollo de la personalidad de los chavales.
En esta intensa labor que llevan a cabo en las instalaciones del Complejo de San Cayetano cedidas por la Diputación Provincial, los profesionales que atienden a estos alumnos ejercen un trabajo que precisa, además de la correspondiente preparación, un alto componente vocacional. Para acercarse a sus metas cuentan con sus aptitudes y actitudes humanas y también, en los últimos tiempos, con la ayuda de las nuevas tecnologías, en este caso las denominadas TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación).
El coordinador de centros de Aspace León, Manuel Rocandio, explica que en el sector en el que ellos trabajan -el de la parálisis cerebral, aunque abacan otros muchos campos- son un apoyo fundamental porque las mayores limitaciones de estas personas se dan a nivel comunicativo y de relación con el propio entorno y su reducida movilidad muchas veces se ve compensada con las posibilidades que ofrecen este tipo de tecnologías. “El acceso a la educación, al entorno y a la comunicación se hace muchas veces con las nuevas tecnologías”, resume.
Para poder trabajar con estas herramientas los profesionales del centro se formaron en su día, como paso previo imprescindible. Desde entonces, han concurrido a diversos proyectos para conseguir material. Actualmente disponen de cámaras digitales para poder grabar y reproducir las imágenes en el ordenador para que el usuario se vea en su entorno, “que es una cuestión muy básica pero importante”. Cuentan también con ordenadores, ordenadores -con teclados especiales, joysticks, conmutadores especiales (incluso hechos específicamente para agarrarlos o tocarlos con la mano, el codo o la pierna), tablets y juguetes a los que se ha hecho una adaptación.
También disponen de otro elemento llamado ‘Talk 2’ para niños que no pueden hablar y que contestan con pulsaciones a lo que se les dice. “Vamos probando cosas y tenemos que valorar mucho el conocimiento de los profesionales porque gran cantidad del material que se utiliza está colgado en Internet. En muchos casos para ver con qué chico se puede utilizar, por ejemplo, un ratón con reconocimiento facial, que se mueva al mover la cara, o programas de seguimiento, de lecto-escritura”, explica. En otro centro gestionado por Aspace cuentan con dos equipos ‘Iriscom’, que permiten manejar el ordenador con los ojos y tienen también un comunicador de voz que les ha enviado la Federación Autonómica.
Convocatorias de subvenciones de entidades públicas y privadas y fundaciones de empresas son las fuentes a las que suelen acudir para intentar conseguir más y mejores medios con los que atender a los usuarios. Conseguir ayudas es complicado y las nuevas tecnologías se hacen cada vez más necesarias en el día a día, “incluso para el trabajo propio. Todo se está tecnologizando y a nivel educativo permiten que muchas situaciones a las que no se podía llegar antes, capacidades de relación o de juego que antes no se podían alcanzar, ahora sí se logren”.
Las TIC tocan ya a casi todos los aspectos de la vida cotidiana; también al entretenimiento, como es el caso de la wii-terapia, que ayuda a que los chicos se relacionen y diviertan. Son conscientes de que las limitaciones económicas mandan cuando se trata de hacerse con aparatos que en muchas ocasiones son de un coste elevado. Así ocurre con el llamado ‘Lokomat’, un robot que enseña a caminar. “Tiene un precio que nos resulta imposible asumir. Las ayudas que salen y los programas a los que se puede acceder son de menor importe”, reconoce.
José Luis Segura es el director del centro La Luz y coincide con Manuel Rocandio en que las utilidades de las nuevas tecnologías son muchas y diversas. “El trabajo que hacemos con TIC va de lo complejo a lo básico”, dice y explica que un simple pulsador permite que el niño acceda a un objeto y pueda activarlo. “Es una forma de participación; es capaz de que sus actos tengan un efecto, se trabaja esa relación en alumnos que son pasivos en líneas generales”, comenta.
Estos elementos les dotan de cierta autonomía a personas que carecen de ella y contribuye a que establezcan una comunicación con quienes tienen al lado. Por ejemplo, un ordenador permite que alguien a través de un pictograma responda a una pregunta como ‘qué tal has dormido’ o explique a través de imágenes qué ha desayunado. Todos los mecanismos que permitan una mayor accesibilidad e integración de los usuarios son bievenidos; desde pantallas táctiles a pizarras digitales interactivas.
Ayuda para todos
El uso de las nuevas tecnologías contribuye a la estimulación de los discapacitados. “A un discapacitado le llama la atención la luz, sirve para centrar la atención en alguien que la tiene dispersa de forma continua. A veces los resultados son de satisfacción, de que les guste algo. Es algo que parece muy básico pero es importante, primero porque se traduce en felicidad para la persona y en caso de que haya otras conductas menos adaptativas, aparecen menos o no aparecen”.
Pero el efecto de las TIC, recalca, alcanza también a las personas del entorno. Que un chaval ‘muy afectado’ logre poner una lavadora a través de un ordenador o que otro felicite a su madre por su cumpleaños con un dibujo que ha pintado con los dedos y que aparece en un pantalla, son cosas que elevan la autoestima de quien lo hace y además de ofrecer “una visión más natural ”, comenta Segura, repercute muy positivamente y genera pequeñas grandes satisfacciones en quienes día a día conviven con ellos.