Ictus, la difícil tarea de volver a aprender

Roberto Arias es uno de los pacientes que, tras padecer un ictus hace tres años, se ha recuperado favorablemente y aún se sigue rehabilitando en la Asociación Ictia

J.B.I. Son las nueve de la mañana de un día cualquiera en el quehacer cotidiano de Roberto Arias, un agricultor de profesión que hace tres años sufrió un ictus. Pertenece al grupo de uno de cada seis españoles que padecerá este tipo de lesión cerebro vascular a lo largo de su vida y se estima que un tercio fallecerá. El protagonista del reportaje, de 46 años, es todo esfuerzo y simpatía y se siente uno más de la familia que forma el centenar de pacientes que atiende en Valladolid la Asociación de Ictus y Paresias (Ictia), nacida al amparo de la Fundación Aspaym Castilla y León.

Mañana se celebra el Día Mundial de una enfermedad que se ha convertido en la segunda causa de muerte en España y la primera entre las mujeres. En Castilla y León se producen en torno a 2.000 fallecimientos anuales y cerca de 5.000 ingresos hospitalarios causados por ictus pero, felizmente, Roberto está entre los enfermos que no ha tenido que dejar de lado una actividad laboral, en su caso el tractor y las tareas agrarias, aunque sí ha pasado un largo periodo de rehabilitación que aún mantiene tres días a la semana.

Un día se sintió mal y percibió uno de los síntomas claros de la temida llegada de un ictus y así, previsiblemente, pudo evitar mayores secuelas con un tratamiento rehabilitador adecuado. Él, como tantos otros pacientes que reciben terapias en la actualidad, notó una pérdida de fuerza en la mitad de su cuerpo y de sensibilidad en las extremidades faciales, una alteración del habla, mareos súbitos y dolores de cabeza. “Si a todo ello se le suma además el vértigo, lo primero que hay que hacer es llamar al 112 o acudir urgentemente a un centro médico”, según señala el presidente de Ictia, Julio Herrero.

Roberto recibe clases de logopedia en las instalaciones de la asociación de ictus 'Ictia' (M.Chacón))

El caso de Roberto, que acude a rehabilitarse dos horas tres días por semana a Ictia, se encuentra dentro del 60 por ciento que, pese a una buena recuperación, quedará con secuelas aunque su situación no le impide llevar a cabo tareas cotidianas, eso sí con una pérdida de movilidad evidente en una pierna. “Mi evolución ha sido muy buena y acudir aquí a rehabilitación es como estar en casa. Se trata con gente conocida y profesionales que te hacen todo más fácil y vuelves a aprender todo aquello que la enfermedad te pudo hacer olvidar”, expone.

La entidad donde se recupera, Ictia, está a punto de suscribir un convenio con la Consejería de Familia e Igualdad de Oportunidades para convertirse en un centro concertado. Cuenta desde septiembre de este año con diferentes terapias en las salas habilitadas para ello en unas modestas pero bien equipadas instalaciones en el camino viejo de Simancas (c/ Severo Ocha, 33). En plantilla figuran un neuropsicólogo, un logopeda, una terapeuta ocupacional, dos fisioterapeutas, un celador y una secretaria. “Se trata de un equipo multidisciplinar que se reúne habitualmente y que busca lo mejor para cada paciente en función de sus necesidades”, resalta Herrero.

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Convivencia positiva

El paciente Roberto Arias destaca que la convivencia a diario con personas que han sufrido un ictus o algún otro tipo de lesión cerebral contribuye a asumir lo que se tiene y a tratar de esforzarse cada día más por mejorar y avanzar en la recuperación del daño cerebral. “Ves personas con serios problemas y te das cuentas de que tú no tienes tantos motivos para quejarte. Todos nos apoyamos para superar momentos donde tienes baja la moral y nos llevamos muy bien, siendo el gimnasio un lugar de convivencia y de charla que se completa luego tomando con un café antes de regresar al día a día de cada uno”, expone.

Julio Herrero incide en que Ictia tiene “unos precios relativamente bajos y atiende a personas generalmente con pocos recursos económicos”, al tiempo que recuerda que existen tres recintos hospitalarios en Valladolid, Salamanca y León preparados para -en un plazo de cuatro horas y media posteriores al padecimiento de un ictus- aplicar el denominado tratamiento trombolítico, que permite paliar en buena medida el daño cerebral y vascular inicial. Además, en la Comunidad hay dos centros con equipos de ictus en Soria y Segovia y los casos más graves se derivan al Hospital Clínico de Valladolid, donde en una unidad referencia a nivel internacional el paciente afronta la primera fase de la enfermedad. Una vez recibida el alta hospitalaria se siguen distintas terapias rehabilitadoras en la Seguridad Social y otra parte se lleva a cabo en centros concertados.

La Asociación de Ictus y Paresias (Ictia) surgió bajo el amparo de Aspaym Castilla y León con varios objetivos, entre ellos el de atender a todas las personas afectadas por un daño cerebral producido por un ictus, tumores y patologías afines. Uno de los principales focos de trabajo es la prevención, y por lo tanto, la sensibilización en la sociedad de las causas que lo producen, basadas sobre todo en el consumo de alcohol, tabaquismo, sedentarismo, alimentación inadecuada y estrés.

Desde su nacimiento, en junio de 2013, Ictia cuenta con 160 socios, de los cuales el 60 por ciento son mujeres. Las afectaciones de los pacientes con ictus son múltiples y se centran en un déficit motor, cognitivo o comunicativo, entre otros. “El principal objetivo de la asociación es conseguir el mayor nivel de autonomía personal, con el fin de integrar al usuario en su entorno en las mejores condiciones. Para conseguirlo es muy importante la implicación, no solo de la persona afectada sino de las familias. Ellos son una parte muy importante en la terapia y existe un taller específico los viernes por la mañana. Las secuelas del ictus son menores si se tiene un buen entorno familiar, por el déficit social y las alteraciones de conductas que suele padecer el enfermo”, apunta Herrero.

Largo proceso rehabilitador

La rehabilitación aumenta las posibilidades de una recuperación exitosa tras un daño cerebral y en Ictia se asesora, orienta e informa sobre los diferentes tipos que se pueden ofrecer a todas aquellas personas que lo han sufrido. El protocolo de actuación que se realiza comienza con una valoración inicial del usuario, acompañado por sus familiares o personas de su entorno. El objetivo se centra en conocer las necesidades que puede presentar la persona desde un punto de vista integral y una vez que se completa el estudio se ofrecen varios tratamientos.

En un primer punto, una vez que se ha producido un ictus y se acude para tratar la patología entre en funcionamiento la neuropsicología. Se trata de una disciplina dentro de las neurociencias que estudia la relación entre los procesos mentales superiores (atención, memoria, razonamiento…) y el cerebro. Tras sufrir un daño cerebral, independientemente de la causa (ictus, tumor, aneurisma…), la persona afectada puede presentar dificultades para recordar nueva información, mantener la atención en lo que está haciendo, comprender lo que le dicen o razonar, y también puede presentar alteraciones del comportamiento, llorar o reír con mucha facilidad y de forma exacerbada.

En este ámbito el neuropsicólogo intenta aplicar tratamientos dirigidos a paliar tanto los déficits cognitivos como los problemas de comportamiento. Estos no deben considerarse aislados sino asociados íntimamente con las dificultades que manifiestan los pacientes para poder llevar a cabo las actividades de la vida diaria como comprar, llamar por teléfono o utilizar electrodomésticos.

Aprender a vestirse o asearse

Para poder recuperar las tareas cotidianas de los enfermos de ictus existe además la figura del terapeuta ocupacional, que en Ictia encarna Elisa Gullón, quien se ocupa de supervisar que puedan realizar funciones tan básicas como la de aprender a vestirse o asearse. “Valoramos los problemas de cada paciente y el por qué no pueden realizar determinadas tareas en su vida diaria que antes hacían con normalidad. Puede haber una afectación cognitiva o física o ambas y se trabaja en esa línea compensando los déficits existentes o haciendo rehabilitación en todo lo que sea posible. Luego es clave el apoyo para llevar a cabo actividades básicas en el ocio o el ámbito laboral y doméstico y es importante que la familia se implique mucho”, arguye.

Por su parte, la rehabilitación física tiene como punto esencial la fisioterapia y Luis Vegas es uno de los profesionales que atiende este campo en la Asociación Ictia, donde se aplica un tratamiento individualizado con una valoración previa de cada caso que permite fijar unos objetivos comunes. “Tenemos todo tipo de maquinaria que ayuda y complementa el trabajo manual, caso de la presoterapia para favorecer el retorno circulatorio o la magnetoterapia. Todo el gimnasio está adaptado con aparatos que permiten ayudar a paliar el déficit neurológico y, en el caso de los pacientes agudos, se van combinando distintas terapias para mejorar su situación”, sostiene.

Cada vez más jóvenes

A su vez, el fisioterapeuta revela que cada vez hay más casos de personas que padecen ictus a edades tempranas y ello se debe a la forma de vida que se lleva. “El estrés y los hábitos poco saludables deben prevenirse con el ejercicio y una buena alimentación”, indica. El presidente de Ictia, Julio Herrero, añade al respecto que en los últimos años se han incrementado a nivel mundial en un 25 por ciento los casos de padecimiento de ictus en una franja de edad que se sitúa entre los 20 y los 64 años, y un 0,5 por ciento de ellos se producen entre menores de 20 años, aunque lo más frecuente es que se detecten entre las personas con más de 60 años.

Otro de los puntos claves de la rehabilitación se basa en la comunicación y el lenguaje a través de la logopedia. Jesús Gómez se encarga de esta tarea y apunta que el trabajo consiste “en la reeducación del habla”, ya que la mayoría de los pacientes la pierden y se debe trabajar duro. “Es como si fueran niños pequeños y tienen que aprender a pedir algo y comprender cosas, lo que les devuelve al origen del lenguaje y es básico acudir a las sesiones y luego practicar mucho en casa”. Dependiendo de la patología y la lesión, el logopeda señala que hay pacientes que conservan la comprensión y la expresión “y así se plantean los tratamientos para que vayan normalizando y encauzando su capacidad de expresarse y comunicarse como lo hacían antes de la enfermedad”.