Madrugada de finales de octubre de 1999, dos cócteles molotov -incendiarios- son arrojados en las oficinas centrales del Grupo Sindo Castro en Astorga, con el peligro añadido de contar encima el resto del edificio con una serie de viviendas de la conocida familia astorgana. Por fortuna, todo quedó en un buen susto sin daños personales en lo que podía haber sido una carnicería humana, según cuentan las crónicas de entonces. A partir de ahí, fue el punto y final de una denominada “guerra del hormigón” de la que ahora se han cumplido 25 años.
Expansión al Bierzo y Galicia
La empresa Sindo Castro Construcciones, una de las dos principales e históricas constructoras de Astorga y comarcas, había ido abandonando poco a poco el sector de la vivienda residencial para ampliar su presencia en la fabricación y venta de áridos, cementos y hormigones, en definitiva, obra civil, el papel principal de las administraciones públicas le hacía entrar durante años en un lento pero firme contexto no exento de dificultades donde existían empresas de mucho mayor tamaño y con implantación nacional en este sector. Algo que no entendió o no quiso entender una de ellas, el Grupo Martínez Núñez, extendido ya en toda España, pero con raíces muy profundas en el Bierzo y Galicia que no quería consentir. Comenzó entonces la que la prensa llamaría “guerra del hormigón”, pero realmente de lo que se trataba era de que un pez grande quería comerse al chico a toda costa, aunque para ello hubiese que utilizar todo tipo de artimañas legales e incluso la violencia. Algo nunca visto por estos lares.
El quid
La progresiva ampliación de canteras y graveras hacia el oeste peninsular de la empresa maragata ofrecía similar o mejor calidad de productos, así como precios competitivos. Algo que no se podía permitirse, según la mentalidad del todopoderoso Grupo berciano. Lo intentaron todo: denuncias del Seprona, presiones a clientes en obras tan singulares como el Hospital de la Reina de Ponferrada, bajada de precios a niveles temerarios, conversaciones con políticos…Hasta recurrir a los sabotajes y la extorsión.
Los hechos
Los diversos ataques a bienes y propiedades de la empresa Hormigones Sindo Castro se llevaron a cabo entre los años 1996 y 1999. Se trata de nueve actos criminales, entre ellos, dos explosiones con empleo de goma 2 en la planta de hormigón de Las Ventas de Albares que afectaron a las instalaciones y a un camión; daños provocados mediante incendio en esa misma planta que afectaron a las instalaciones y a varios vehículos; varios ataques a camiones; incendio; otros incendios en la planta de hormigón de Villalibre de la Jurisdicción y en la Villamartín de la Abadía; y el lanzamiento de un cóctel molotov a los bajos de la vivienda de empresario en la localidad de Astorga.
Pero en el fondo, en el juicio que se celebró años después contra los hermanos Pindado y propietarios de la agencia de seguridad y detectives D´agenti, así como a parte de la directiva del Grupo Martínez Núñez, por el camino se escondía toda una historia de acoso y derribo no exenta de una película de Coppola. Era habitual en un periódico del grupo, La Crónica de León, como los trabajadores escribían normalmente a diario y de repente por arte de magia al día siguiente aparecían escritas soflamas contra Sindo Castro, sus instalaciones o sus colaboradores. La clara manipulación política también se notaba en determinados organismos oficiales. “Aquello era un infierno”, declaran a Astorga Digital testigos de entonces. Sin embargo, a preguntas de la prensa, el empresario Sindo Castro callaba y callaba, a lo sumo llegó a decir que “este señor quiere para él sólo el pastel de la Autovía 6”.

En general, la sociedad estaba con el empresario maragato, pero la cobardía y la dependencia económica de su competidor demostró el talante con el que estaban hechos muchos políticos, funcionarios y periodistas. Fue entonces como gracias a saltarse la burocracia y apelar a instancias fuera de la provincia de León, cuando la Guardia Civil, UCO y UDEF, tomaron cartas en el asunto y todo se destapó llegando a llevar a juicio a todos los implicados que, en el mayor de los casos, fue otra tortuosa carrera judicial.
Finalmente, tras un juicio seguido casi a nivel nacional, las pruebas no concluyentes libraron de la cárcel en una de las causas a los empresarios y directivos; pero en otras causas abiertas los personajes presuntamente contratados, agentes y detectives, tendrían un desenlace propio de una serie policíaca. Muerte de testigos, suicidios y corolario de juicios que se fueron diluyendo en interés y resultado en el tiempo.
*”La sección tercera de la Audiencia comparte con el magistrado de Ponferrada Óscar Hernáiz «que el escenario en el que se desarrollan los hechos no es otro que la denominada guerra del hormigón, favorecida por la expectativa de negocio que originó la demanda de dicho material durante la ejecución de las obras de construcción de la autovía del noroeste (A-6)». Por eso concluyen los magistrados que «se destierra cualquier hipótesis que no sea la de atribuir la inducción de los daños al acusado José Martínez Núñez y su ejecución material por cooperación necesaria a los hermanos José Manuel y Timoteo Pintado palomo, así como al acusado José Villanueva González y al fallecido Rafael Wolfrang Pérez, todo ello sin perjuicio de no descartar que otras personas llegaran también a participar en los hechos que motivaron la incoación de esta causa».
Dudas despejadas
Los tres jueces de la Audiencia indican que todas estas circunstancias «permite despejar las dudas que alberga el juzgador a quo y descartar con ello toda hipótesis distinta a la existencia de un único bando agresor guiado por el exclusivo móvil de anular la capacidad productiva del denunciante».”
*Transcripción de una de las actas del juicio