Los españoles somos muy dados a hacer los experimentos con cava, como si la gaseosa fuese un producto escaso de primera necesidad. Es lo que está pasando en Castilla y León con el vodevil de las negociaciones políticas entre PP, Ciudadanos y PSOE para formar gobierno en la Junta. Ciudadanos juega aquí a ser el oscuro objeto del deseo. PP y PSOE se disputan a las bravas su amor. Como en una comedia de enredo del teatro del Siglo de Oro
Al líder regional de Ciudadanos, Francisco Igea, le pide el cuerpo sentarse a la mesa a negociar en serio con el POSE. Pero desde Madrid, su jefe, Rivera, le ordena que agote todas las posibilidades de acuerdo con el PP. Y en el PP, que saben lo arriesgado de su posición política, ceden en todo. Lo que sea con tal de conservar el poder. E Igea no se fía de quien está dispuesto a ceder en todo. Y hace bien. Si al final se impone por imperativo legal el pacto Ciudadanos y PP en Castilla y León, el acuerdo no durará mucho. No se ha llegado a un acuerdo aún y ya huele a moción de censura en un futuro cercano. Mal inicio tiene algo que se basa en la desconfianza. Igea no es que no se fíe del PP –que no se fía- es que tampoco ve en Mañueco el motor regeneracionista que necesita esta tierra tan vacía y tan vaciada.
Además, Mañueco anda con esa espada de Damocles de una denuncia un tanto rara que alguien le ha interpuesto por un presunto chanchullo en las primarias que le ganó a su compañero Silván, el protegido de Juan Vicente Herrera. Es posible que la polémica quede en nada, pero como a un juez se le ocurra llamar como investigado a Mañueco, el pacto saltará por los aires. ¿Qué cesto regeneracionista puede hacer Igea con estos mimbres? Ninguno, claro está.
Y mientras en Valladolid se escenifica esta comedia de capa y enredo, en León, el Ayuntamiento de la capital deberá esperar a esclarecer su futuro inmediato a una decisión judicial. El alcalde en funciones y aspirante a repetir, Silván, roe en solitario la incertidumbre de su futuro. Su partido, el PP provincial no le avala en su recurso a los fallos de las juntas electorales que dan la razón al PSOE y UPL y que quitan la representación electoral a VOX. Y Silván sin VOX no es nada. Claro que con Ciudadanos tampoco.
Por eso sorprende la obstinación de Silván y su equipo de perseguir un imposible, cueste lo que cueste y caiga quien caiga. Ciudadanos ha vetado a Silván por su implicación, aún no esclarecida, en la Trama Enredadera. Así que si, por casualidad, el recurso contencioso electoral de Silván prosperase, Ciudadanos, por imperativo legal, negociaría un alcaldable para León del PP, pero que no fuera Silván. Ni Salguero.
Así que este sábado próximo se podrán constituir la mayoría de los ayuntamientos de la provincia salvo el de Astorga y León. Ambos en manos del Tribunal Superior de Justicia. Y es que la anormalidad política es una de las características históricas de la política municipal leonesa, anormalidad que salta de vez en cuando, como el Guadiana, y obliga a catarsis tremebundas, de esas que se recuerdan durante años.