Entrevista

“Mi padre siempre insistía en que él fue un hombre feliz porque hizo lo que quería hacer, que era leer y escribir”

Germán Gullón, hijo de Ricardo Gullón, nos concede esta entrevista para hablar de literatura, recuerdos, Astorga y, sobre todo, su padre
Germán Gullón en Astorga. / CCU

El próximo jueves 17 de agosto se inaugura en Astorga el Congreso Internacional Ricardo Gulllón, crítico literario, que versará sobre la vida y obra del escritor astorgano, galardonado con el Premio Príncipe de Asturias. Su hijo, Germán Gullón, está en la ciudad como organizador del seminario y parte del elenco de ponentes que durante dos días relatarán sobre la vida del escritor español, leonés “y de Astorga”, como siempre le gustaba resaltar.

En el año 2003, Germán Gullón y sus dos hermanas donaron parte del legado de Ricardo Gullón al Ayuntamiento de Astorga, documentos, cartas, manusritos y muebles, con la intención de crear una Fundación Casa de la Escuela de Astorga. El proyecto no vio la luz. No obstante, hace dos años, Germán Gullón contactó con el alcalde de Astorga con una nueva propuesta. “Decidimos traer a personas que habían conocido a mi padre y a sus discípulos. Me puse en contacto con seis de ellos que desde el primer momento aceptaron venir”, explica Germán Gullón. La próxima semana los seis serán los encargados de guiar las mesas redondas que tendrán lugar a las 18,00 horas en la Sala de Congresos y Exposiciones del Teatro Gullón.

Ricardo Gullón, “leonés sí, pero de Astorga”

Germán Gullón recuerda que su padre rememoraba Astorga a través de su niñez y de la figura de su padre. “Mi abuelo, Germán Gullón Núñez, era el gran ejemplo, siempre vestía de negro, era muy modesto y muy lector. La pérdida de su madre a los 5 años le acercó aún más a mi abuelo y le inculcó su amor por Benito Pérez Galdós, amor que luego me transmitió a mí. Astorga siempre ha tenido una riqueza y un ambiente para la educación que no tienen otras ciudades de similar tamaño. Mi padre estudió en La Salle, donde tanto sus profesores como sus amigos resultaron un gran impulso intelectual”, relata Germán Gullón.

Ricardo Gullón y su amigo Luis Alonso Luego escribieron la primera Guía turística de Astorga. “Recuerdo que le nombraron ‘Leonés del Año’ y un día le llamó un periodista que le dijo que le habían reconocido como ‘Leonés del Año’, a lo que mi padre respondió ‘soy leonés porque soy de Astorga. Mi padre resentía un poco que en los periódicos cuando le citaban pusieran ‘el escritor leonés’, por lo que cogía los artículos, todos ellos, y a mano escribía después ‘de Astorga'”, ríe Germán Gullón.

Lo mismo hacía Ricardo Gullón durante sus conferencias, “le presentaban como español de León, a lo que antes de comenzar a disertar siempre añadía que era de Astorga. Nunca se olvidó de la luz de Astorga y cómo esta chocaba contra la piedra del ayuntamiento”, señala su hijo.

Unos horizontes culturales amplios

Al finalizar el Bachillerato a los 14 años y no poder acceder a la universidad hasta los 17, el padre de Ricardo Gullón le envió a estudiar a Francia, “donde se le abrió un horizonte de la literatura francesa y el arte moderno. Con ese equipaje, tanto el astorgano como el francés, regresó para estudiar Derecho en la Universidad de Madrid, donde comenzó a relacionarse con el mundo de la literatura, e incluso llegó a escribir para las Revista de Occidente, de José Ortega y Gasset” cuenta Gullón.

Después obtuvo la plaza de fiscal, en 1933, pero se la quitaron después de la Guerra Civil, aunque como no había fiscales tras el conflicto, le llamaron y se trasladó a Soria y Santander. “Publicó varios libros sobre arte moderno y literatura inglesa, porque en Santander se dio cuenta que el inglés era también un idioma muy importante y contrató una profesora con la que leyó literatura inglesa y a los novelistas ingleses y estadounidenses. A mediados de los años 50 comenzó a expandir su interés hacia Juan Ramón Jiménez, y fue recíproo, tanto que cuando éste le ofreció ir a Puerto Rico, lo dejó todo y se fue. Y ahí comenzó su otra carrera, dejó la carrera de fiscal y se convirtió en profesor de Literatura Española, que fue lo que hizo durante el resto de su vida. Expandió sus horizontes hacia Unamuno, Machado y la novela contemporánea y sus jóvenes practicantes”.

“Mi padre siempre me decía: ‘En tu departamento recuerda una cosa, los colegas tienen que ser inteligentes y personas con las que puedas convivir. Los intelectuales tienen que vivir redefiniendo el modo de ver la vida y el mundo, cuando hablamos de Picasso o Miró, son unos genios, te van a mostrar algo que no sabes’. Recuerdo que tanto Octavio Paz como Dionisio Ridruejo tenían algo en común, nunca decían una palabra de más, cualidad que también tiene Mario Vargas Llosa, te iluminan de lo que están hablando”, rememora Germán Gullón.

Su experiencia en el extranjero era tan amplia que le sorprendía el mundo académico español “más centrado en sí mismo, “él había vivido esa apertura cultural primero en Francia y luego en Estados Unidos. Mi padre siempre insistía en que él fue un hombre feliz porque hizo lo que quería hacer, que era leer y escribir”, evoca.

Pasión por Galdós

Recuerda Germán Gullón que Benito Pérez Galdós y Leopoldo Alas Clarín no eran leídos en España, “no había interés por ellos, se estilaba otro tipo de novelas que no contasen la realidad”, explica. Ricardo Gullón potenció traducciones, una asociación internacional de galdosistas y escribió varios libros sobre cómo leer a Galdós. Creo que el libro más influyente de mi padre es Galdós novelista moderno“, señala Gullón.

La pasión por Galdós que Ricardo Gullón heredó de su padre, se la transmitió a su hijo. “A Galdós solo le puede sobrepasar Cervantes. Galdós entendía a los españoles, nadie nunca ha tenido esa mirada tan humana y el enorme cariño, la empatía, con el ser humano que sufría. Muchos personajes que sufren problemas físicos o mentales, Benito Pérez Galdós pone sobre ellos una mano tranquilizadora”.

Como crítico literario, Germán Gullón destaca Una poética para Antonio Machado, “es un estudio con su encanto intelectual, pero muy denso”. “Si tuviera que elegir los libros con mayor encanto serían dos pequeños libros que no conocieron el éxito, La juventud de Leopoldo Panero, en el que es una delicia leer cómo habla de su primo segundo, y El arte de contar de García Márquez, que enseña a leer al escritor colombiano”.

Este Congreso que se inaugura por primera vez en Astorga nace con vocación para quedarse, “pienso que en el futuro podemos seguir ahondando en la figura de mi padre. Quizá traer alguna de sus discípulas que han escrito trabajos sobre él y ampliar el espectro. Quiá reducir el tamaño o alargarlo en tiempo, hacer venir a algunas personas desde Estados Unidos a Astorga para quedarse dos días es muy dificíl, pero sí creo que seguirá en el futuro”.