El espíritu Fulbright

El senador norteamericano Fulbright nació en 1905 en un publecito del sureño Arkansas. Su madre era editora de un periódico local, el Northwest Arkansas Times. Quizás de ahí le sobrevino una temprana vocación por lo público. Estudiante universitario modélico, pasó un tiempo en Oxford gracias a una beca donde terminó Derecho. Su visión de que el mundo era mucho más que Arkansas y su sensibilidad hacia los temas sociales se imbricaron en su carácter durante ese primer tramo de su vida. Obtuvo plaza de abogado del Estado en Washington, pero realmente ese trabajo le duró poco, pues fue elegido congresista por Arkansas en plena Segunda Guerra Mundial. Ya como político en esa legislatura puso la primera idea legislativa de lo que sería la futura ONU. Más tarde fue elegido senador, un cargo prácticamente vitalicio, pues con otros posteriores, como los Kennedy, su apellido llegaría a ser habitual de la política norteamericana. Otro rasgo que define la biografía del viejo senador, fallecido en 1985, fue su cambio radical respecto a la Guerra de Vietnan. De un primer apoyo pronto se convirtió en casi el pionero de la oposición política y social contra esa absurda guerra. Fueron años donde la defensa del periodismo, el intento de hacer política de partido muy inusual allí o la promoción de la cultura universitaria le sirvieron granjearse enemigos en la derecha que sólo veía comunistas por todas partes o el progresismo radical, izquierda, al que para todo la culpa la tenía el sistema.

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Dirán ustedes porqué les cuento todo esto. Pues bien, por cuestiones familiares estas Navidades tengo mi mente y mi corazón puesto en ese lejano y a la vez cercano país, donde gracias a personajes como el viejo senador Fulbright, más de cien mil jóvenes europeos han podido estudiar en sus mejores universidades. Georgetown y sus pàdres jesuítas, Standford y su semillero de socialdemocracia, UCLA y los prolíderes latinos, Yale y sus ramificaciones con las multinaiconales científicas, Harvard y su fábrica de abogados y empresarios masones… Las personas de bien, sean progresistas, liberales o conservadores saben de sobra de qué demonios les hablo. El amor al espíritu universitario, la vocación de servicio público desde cualquier orientación política y profesión, el sentido de deber y la cultura del esfuerzo, el honor y la palabra conforman un adn que nada tiene que ver con los falsos líderes de pies de barro, por mucho que copien, disfracen o se camuflen en nuestro paisanaje habitual. Se lo dice quien fue un chico Fulbrigt.