Circula estos días por la prensa de papel y los medios digitales un texto firmado por Alberto Garzón, diputado de IU, y Enrique Díez, coordinador de Educación en el mismo partido, titulado “La Educación que necesitamos”. Hete aquí cómo en solo tres columnas, con unas cuantas fórmulas abstractas y florida adjetivación, los dos políticos comunistas solucionan de una vez por todas los problemas de la educación en España. Vamos a analizarlas brevemente para ver si contienen alguna idea, o son, como acostumbran los discursos de la Komintern, las viejas consignas de siempre revestidas de promesas de salvación y amorosos abrazos de buenas intenciones.
En primer lugar, dicen que su modelo se opone a “los intereses corporativos de grupos religiosos, profesionales y empresariales.” Por supuesto, ellos no defienden los intereses del comunismo, ni siquiera los de su partido, sino la Verdad, la Razón y la Humanidad, porque solo ellos tienen ideales; los demás, sucios intereses corporativos. Mientras las abyectas élites tratan de pactar invocando aberraciones como la odiosa excelencia, la calidad o la competitividad, ellos dicen “sumarse” a las propuestas de la “comunidad educativa”, objeto doctrinario no identificado (ODNI), del que solo podemos suponer que excluye a todos aquellos que teniendo algo que decir en materia de educación (padres, profesores, estudiantes, gestores), piensan de forma muy diferente a la suya.
Entienden la educación “como un derecho humano fundamental y un pilar básico de las sociedades” (¿quién lo duda?), que, como derecho ha de ser “pública, universal, gratuita, laica, equitativa, solidaria, coeducativa, personalizada, ecológica, integral, intercultural, inclusiva y democrática.” Suena bien, pero nos surgen algunas dudas … ¿Por qué se excluye la privada? ¿Es económicamente viable hacerla gratuita en todos los niveles? Afirman que ha de ser “integral”, “democrática” y “personalizada”. Entonces, ¿por qué no puede ser religiosa, si es la que muchos padres quieren para sus hijos?
No daremos más vueltas a este rosario de adjetivos ambiguos, aunque cuidadosamente elegidos, porque no está claro que se utilicen en alguna de las acepciones que vienen en el diccionario ni hay garantías de que no signifiquen justo lo contrario de lo que enuncian. Continuemos leyendo, a ver si se nos aclara algo. “Pública por ser la única que garantiza la igualdad de derechos…pública por ser la única que respeta la libertad de conciencia y de creencias”, porque está “al margen de intereses particulares ligados al adoctrinamiento ideológico o al negocio económico”.
¡Acabáramos! El único modelo admisible para el ODNI, al que Garzón y Díez representan, es aquel donde el Estado posee el monopolio de la educación. Pero vamos a ver, ¿cómo va a respetar la libertad de conciencia o de creencias un sistema que ni siquiera permite la enseñanza privada? ¿No sería mejor que dejaran de engañarnos y declarasen que no van a tolerar ni una ni otra porque los alumnos solo podrán aprender las creencias que ellos dicten? Porque los demás adoctrinan, pero ellos iluminan. Los demás gestionan sórdidos negocios, pero ellos tienen al contribuyente que todo lo paga y cuando este se agote, siempre nos podremos salir del euro e imprimir billetes y cuando la inflación los haga inútiles, pues se prohíbe la moneda como hizo el Hermano Número Uno, el camarada
Pol Pot en la Kampuchea Democrática, y ya está.
Para terminar, sacan, cómo no, el espantajo del “neoliberalismo” y la monserga del “pensamiento único”, otro ODNI (y más en la era de Internet), para culparlos de que en nuestra sociedad la educación “se vincule exclusivamente al futuro mercado laboral.” En primer lugar, si eso fuera cierto, España no sería el país con mayor tasa de paro de la Eurozona después de Grecia. En
segundo lugar, no se explica por qué el “desarrollo humano” que, según Garzón y Díez, solo los comunistas defienden, es incompatible con la educación privada o la competitividad económica, ni por qué un sistema que las promueva “banaliza” la educación. Nos tememos que no haya realmente mucho que explicar. Son supersticiones, son conjuros. No: buscar la excelencia no es banalizar la educación; no es negar el desarrollo humano, sino, por el contrario, favorecerlo. Es verdad que también deben formar parte de la educación las dimensiones espiritual, moral e intelectual de las personas y que su cultivo requiere enseñanzas que no están inmediatamente orientadas al ejercicio de una profesión u oficio. Ahora bien, esas plantas solo pueden cultivarse en libertad y esta sí es incompatible con el comunismo.
Educación o barbarie, camaradas, estamos de acuerdo. Pero prediquemos con el ejemplo y pongamos en práctica su sentido más elemental: urbanidad, cortesía. No estáis solos en el debate. No tenéis el monopolio de la verdad.
Yo no me preocuparia demasiado. Solo IU y su anacrónico ideario son capaces de frenar en seco un ascenso meteórico como el que estaba experimentando el populismo de podemos. Esta izquierda de salón y folletín lo único que consigue es que comunistas convencidos de toda la vida se hagan apolíticos, porque madre mia como está la izquierda en este país. Si por ellos fuera nos dariamos de tortas como en el 36, no me cabe la menor duda