cultura

La andadura de más de un siglo de curtidores llega al Val de San Lorenzo

Una exposición y una conferencia repasan especialmente la labor de la familia González, que ha superado ya el 125 aniversario de la fundación de la Fábrica de Curtidos González de Santa María del Páramo

El Val de San Lorenzo rememoró este viernes el mundo de los curtidos y de las fábricas que se desarrollaron en el municipio leonés de Santa María del Páramo y en concreto, la labor de la familia González, como emprendedora y generadora más de un siglo de curtidores que ha superado ya el 125 aniversario de la fundación de la Fábrica de Curtidos González de Santa María del Páramo camino cercano de los 130.

El acto tuvo lugar en el museo ‘La Comunal’ y participaron, José Ramón Ortiz del Cueto (director del Museo Etnográfico Provincial de León) y Genaro González (un artesano fabril que representa a la quinta generación de una saga familiar de curtidores).

Genaro González explicó que en los años 30 del siglo XX existían en Santa María del Páramo más de cinco tenerías trabajando simultáneamente con más de 100 obreros implicados directamente haciendo de este centro el más importante paramés y quizá leonés, donde quizá por el espíritu arriero que desarrolló durante el siglo XIX, decidió apostar por una manufactura primaria especializada fruto de sus intercambios y trueques comerciales.

Aún hoy en León y como relicto de aquella época de esplendor, pero monumento histórico vivo, se siente el orgullo pero también la zozobra, de poder conocer in situ, en su contexto y en su paisaje así como implicar la emoción en la experiencia directa del proceso de curtido de las pieles que ha continuado de igual forma desde su inicio en 1887 por parte del fundador, Froilán González (tatarabuelo del actual Genaro), variando únicamente algunos medios sustituidos, los menos, en los procedimientos de trabajo manuales por máquinas y auténticos ingenios (algunos de tecnología alemana), facilitando solo en parte algunas tareas de grande, pesado o prolongado esfuerzo después de la llegada de la electricidad en las primeras décadas del siglo XX.

Pastores, ganaderos, pellejeros, tramperos, cazadores, arrieros y demás surtían de la materia prima a los curtidores, quienes preparaban finamente la materia mediante procesos con herramientas y materias vegetales, taninos y minerales, para convertir las pieles en cueros. De su resultado se surtían una pléyade de gremios, artesanos y oficiantes tales como guarnicioneros, talabarteros, zapateros, albordoneros o guardamecileros que daban forma final a la materia para uso y servicio básico, directo, artístico o complementario de personas y animales.

000056

Pero además en la propia fábrica se detectan en sus paredes, marcos y puertas una gran muestra de “escrituras expuestas” hoy tan en boga en los estudios de antropólogos que disciernen escrituras de ocio, de economía, de vivencias y plasman en sus grafías las necesidades, emociones y pensamientos más fugaces, livianos, profundos o a flor de piel que desarrollaron en torno a su trabajo artesanal y fabril.

Pero no solo son palabras escritas, también resuenan sordos vocablos, eufemismos, palabras y técnicas deambulando por sus pozas y cubas, sus mesas e instrumentos de la cabeza profesional a la acción artesanal, acercándonos poco a poco a un lenguaje propio donde topónimos del intralugar y del esfuerzo nos recuerdan un proceso, el de  conservación, limpieza y depilación, curtido y acabado de la piel, que luego otros traducirán en estética funcional de la vestimenta personal o animal.

Así primero resuenan sordos en la mente artesana el desalado, depilación, despuntado, desencalado, rendido de la piel, piquelado, precurtición o graneado, aceitado y engrasado, devanado o desvanado, cintado, teñido, espuntado o limpieza de la flor, pastado, cilindrado, abrillantado, apresto, lacado para finalmente comprimir y enrollar los “fardos silleros” que a precio de kilos o calidades viajaban como materia elaborada de primera calidad.

Todo ello no acaba ahí, puesto que otro trajín de utensilios y soportes, muebles e inmuebles completan la aventura, encerrada toda ella en una gran casa de labor, adaptada a fabril, en arquitectura propia por lugar, de adobe, cañas y tapial con entramado, teja y portón carretal.

Todo, en su conjunto y en su lugar, bien merece su conservación, no solo estructural, técnica y fabril, sino también de su saber, patrimonio oral, y de su utillaje tan particular, en la que al menos de la muestra de herramientas que por donación su titular realizó al Museo Etnográfico Provincial de León en el año 2012, sirvió para realizar en éste un análisis, conmemoración y exhibición, de la fábrica de curtidos aludida y de los procesos de trasformación y producción de la materia, siendo objeto en el museo del Programa de la Pieza del Mes. 

Pero tampoco debemos olvidar que otras, diversas y loables,  han sido las acciones de difusión que ha tenido dicha fábrica en el mundo del patrimonio etnográfico, tanto local, provincial como incluso nacional. Cabe recordar sendos documentales del proceso de curtido del cuero en dicha fábrica realizados uno por la productora ‘Pyrene’ en 2003, especializada en temas etnográficos de carácter nacional que eligió esta fábrica para representar “El curtido de las pieles” en España, así como otro realizado con la documentación del etnógrafo Joaquín Alonso y Tomás Martínez, así como de los diversos videos y entrevistas realizados en prensa, radio y TVE o RTVCYL.

Hoy la continuidad de los curtidos, representa un esfuerzo ímprobo el mantener abiertas las instalaciones para su función comercial de materia prima ante la competencia extraeuropea y también escasez de profesionales dedicados al proceso de creación de artesanías o utillaje en cuero, si bien representa la última oportunidad en León de conocer este relicto aún vivo, testimonio y por qué no, museo de sitio, ecomuseo o museo vivo, con unas posibilidades inestimables como recurso didáctico y lúdico de primer orden para España, León y más para Santa María del Páramo.

Si bien todo ello necesita de un claro y decidido apoyo público y privado, de su fijación jurídica como bien cultural, en su nuevo rol en la conservación, exhibición y difusión, como instigación a la continuidad de conservación de este oficio en la fábrica y de transmisión de los conocimientos ancestrales, animando asimismo a la complementariedad turística, patrimonial y didáctica que puede suponer para el municipio paramés la visita y conocimiento de ésta y de su patrimonio material e intangible, de su patrimonio oral, de su paisaje cultural y todo, aún en uso, como nueva forma de viabilidad para este oficio en vías de extinción.