Bueno, ¿y ahora qué?

La manifestación del pasado jueves, 15-N, en la capital leonesa, convocada por los sindicatos tradicionales, para exigir medidas que relancen la economía provincial, fue un éxito. Mucha gente en la calle y la lectura de un  manifiesto que no molestara a nadie, sobre todo a los líderes presentes de PP y PSOE, eso sí, segundos espadas, que se manifestaron para salir en la foto. PP y PSOE no son responsables de nada. Da igual que se hayan turnado en el Gobierno central en los últimos treinta años, al más puro estilo turnista de Cánovas y Sagasta; y que en la Junta, sea el PP el que lleva gobernando más de treinta años de forma interrumpida. Los populares exigen a hora en la campaña electoral andaluza que hay que echar al PSOE, que lleva toda la vida gobernando allí y porque, a pesar de todo su enorme potencial, Andalucía siga siendo el farolillo rojo de todos los indicadores económicos no sólo de España sino de toda Europa. Y así y todo, dicen las encuestas que va a volver a ganar el PSOE en Andalucía. Pues bien, Castilla y León es al PP lo que Andalucía al PSOE. Y en ambas comunidades los sindicatos tradicionales han sido durante todos estos años meros comparsas.

Y ahora se rasgan las vestiduras, en pleno debate sobre para qué sirven los sindicatos. Ah, claro, para negociar convenios con la patronal, amparar a los trabajadores con empleo y, en casos de crisis sistémicas, como con la minería del carbón o las térmicas, negociar indemnizaciones, prejubilaciones y dinero para embellecer las comarcas afectadas, que no para ponerse al frente y exigir una reindustrialización de verdad, auténtica.

Los datos de la economía leonesa se maquillan porque baja la actividad económica – la segunda peor de toda España-, porque huyen los jóvenes y porque se jubilan los mayores. ¿Dónde están los sindicatos a la hora de reivindicar un futuro real para los jóvenes leoneses?, ¿y para dotar de servicio a las áreas rurales con el fin de que las mujeres, que son las que deciden, no decidan marcharse con toda la familia a las capitales? Ay, sí, en los titulares de los periódicos.

Allí estaban, paseando por la alquitranada Ordoño, de la mano, CCOO, UGT, PSOE, PP, UPL, FELE, CEL, ayuntamientos, Diputación y varias decenas más de organizaciones cívicas. Todos ellos llegaron al final, se saludaron y cada uno de ellos se retiró a sus cuarteles de invierno y, sobre todo, a hacer suyas en los próximos programas electorales las exigencias de los ciudadanos que se manifestaban en la calle. El papel lo aguanto todo,  claro.

Y cómo colofón, para salvar el prolongado silencio de las élites, allí estaba Gamoneda, crítica pura, leyendo unos folios cargados de razón y de sentido común, palabras de un viejo anarquista que  a los líderes sindicales, políticos y empresariales les entró por un oído y les salió por el otro. ¿Qué poso va a quedar de todo este teatro entre los manifestantes?  Ay, ninguno. Salvo inflar el ego de los convocantes.

A principios de los años noventa, las fuerzas vivas de la provincia convocaron una huelga general con el mismo motivo que la manifestación de hace una semana. Entonces yo dirigía Diario de León y ese día la primera página fue una enorme mancha negra con un titular impactante: León se hunde. Fue tremendo, pero nada más. 25 años después, León está peor. Esa es la realidad. Sólo queda el optimismo de los manifestantes. León, al menos, va a la cabeza en ese optimismo irredento. Unos campeones.