Astorga estuvo a la altura

Artículo del editor de este periódico astorgano

Astorga estuvo a la altura de lo que mandaban las circunstancias en la mañana del sábado en el funeral y posterior entierro de uno de sus pretéritos alcaldes, Gerardo García Crespo. Desplazados de muchos puntos de España la saga, que no solo familia, se congregó junto a los restos mortales de uno de los hijos más queridos por el pueblo de la Bimilenaria. En su parroquia, Santa Marta, patrona de Astorga, don Gerardo fue acompañado por las calles de la amurallada población en una mañana fría de un otoño en el que la fina llovizna hacía todavía más propicia la melancolía y tristeza que presentaban los habitantes de la que siempre fue, ha sido y será su tierra natal.

Excusado el obispo Meléndez por encontrarse de viaje buena parte de la curia ofició la misa funeral. Emocionadas palabras las de sus nietas que nos volvieron a recordar las muchas bondades y virtudes que siempre llevó consigo García Crespo. El Ayuntamiento de Astorga, cuyo bastón de alcalde se depositó junto a la bandera de la ciudad en el féretro durante las exequias, tuvo a bien convocar nada menos que a los cinco alcaldes de la democracia para tal fin, quienes, bajo mazas y la Corporación -faltando los de siempre por aquello de su ateísmo o memorias histéricas suponemos- acompañar en todo momento tal solemne ocasión de rendir respeto y gratitud para alguien que la tuvo siempre para con Astorga y los astorganos.

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Ya se ha hablado y escrito en este periódico sobre don Gerardo. Quizás incidir en esa faceta de médico del Cuartel que durante un tiempo ostentó, como su presidencia de Acción Católica, grupo cristiano que tuvo verdadera fuerza social en la segunda mitad del siglo pasado tanto a nivel local como nacional. Miembro de un grupo activo y preocupado por las cosas fue propuesto por aquel entonces, finales de los 60 y principios de los 70, primero como concejal y después como alcalde. Cristiano devoto, padre de tres hijas como tres soles que no mermaron la luz y verdadero amor casi fraternal entre su esposa, Carmina, y él. Siempre llevó esa espina al enviudar pronto y los que lo conocían más lo sabían y notaban aunque él siempre fue un optimista y bromista por naturaleza.

Nunca hubo puerta cerrada para pacientes en su consulta de dentista, pero de los de Medicina y Estomatología, sin previo aval o crédito por trabajo realizado. Un “ya me lo pagarás”, a más de diez y de cien se le oyó decir. Don Gerardo no entendería los tiempos de franquicias de salud dental, de quiebras desplumando a la gente o de dar gato por liebre en el trabajo y material de cada día. Educado, recto y cordial.

Hace años un periodista de adopción astorgana pedía en un periódico: Una calle para don Gerardo. Nadie hizo caso. Quizás ahora sí, porque España ya sabemos es una nación de grandes funerales y reconocimientos una vez la persona ha desaparecido. A Diario de Astorga-Astorga Digital le gustaría que así fuera, que don Gerardo ocupara su sitio en el callejero astorgano, pero sabemos bien que alguna mente no conocedora de la realidad del alma de Astorga nos hablaría del penúltimo alcalde del anterior Régimen. A lo mejor deberíamos todos sacudirnos el miedo, a la posible crítica de unos pocos que parecen muchos y no lo son, de la gran mayoría social que es apolítica y que solo quiere vivir en paz, uniéndonos hasta echarlos fuera de nuestras Murallas y de las otras cercas mentales que nos han creado con sus odios, sus rencores e iras envueltas en una verborrea dialéctica en los plenos municipales, perfiles sociales, blogs comisarios como modernos representantes de su particular Inquisición.

Gracias a personas como don Gerardo, Astorga creció, se modernizó, se dotó de servicios e infraestructuras básicas, se vivió en paz y….sí, también en amor. Amor que este sábado le ha sido devuelto por el pueblo, el mismo pueblo que tanto le amó.

El editor

 

 

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